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Trump & pena Nieto.png 
El Presidente de E.UU. Donald J. Trump y el Presidente de México Enrique Peña Nieto en una
entrevista en la Ciudad de México.
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U.S. President Donald J. Trump and Mexican President Enrique Peña Nieto meet in
Mexico City. Henry Romero/Reuters

Acuerdo de Trump con México: ¿Nuevo NAFTA?

Por Edward Alden

 28 de agosto de 2018 (Council on Foreign Relations) - Con la finalización de un acuerdo entre los Estados Unidos y México para revisar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés), el enfoque del presidente Donald J. Trump a las negociaciones comerciales están a punto de enfrentarse a su desafío más difícil. ¿Puede su táctica dura de amenazar a sus aliados con  imponer tarifas tener éxito en obligar a otros países a revisar las reglas comerciales de manera que favorezcan a los Estados Unidos?

 ¿Un acuerdo de voluntades?

El acuerdo anunciado esta semana debe verse como una victoria parcial. Ambos países demostraron una flexibilidad considerable: México acordó cambios en las reglas para la producción de automóviles que devolverian algunos empleos a su vecino del norte y los Estados Unidos cedería en algunas de sus demandas más extremas, como una estipulación de contenido estadounidense en la fabricación de automóviles y una clausula de expiración (del acuerdo).

 

¿Le dan la espalda al Canadá?

La verdadera prueba será con Canadá. Después de observar desde afuera cómo Estados Unidos y México llegaron a un acuerdo bilateral, Ottawa se enfrenta ahora una serie de demandas controversiales con un tiempo límite, este viernes. Trump ha declarado claramente que está preparado para mantener un acuerdo bilateral con México y dejar a Canadá fuera.

Los desacuerdos son severos. Los Estados Unidos y México han acordado una serie de disposiciones que son inaceptables para Canadá, incluida la eliminación de disposiciones especiales para la resolución de controversias y protecciones adicionales para medicamentos de marca que el Canadá rechazó durante las negociaciones para la Alianza Transpacífica de Libre Comercio (TPP, por sus siglas en inglés).

Si finalmente se excluye a Canadá, el acuerdo de Trump con México resultará más en un desacuerdo que en un acuerdo comercial. El comercio de automóviles, por ejemplo, está totalmente integrado en América del Norte, y un NAFTA sin Canadá obligaría a una reconfiguración radical de esas cadenas de suministro.

¿Que viene después?

La otra incógnita es el Congreso de EE.UU. Si bien Trump está presionando para enviar rápidamente la notificación del acuerdo a los legisladores, cualquier voto tendrá que esperar hasta la nueva sesión del Congreso, después de las elecciones de mitad de período de noviembre de 2018. Esto significa que la Cámara de Representantes, al menos, estaría controlada por los demócratas, y es poco probable que le hagan ningún favor a Trump, especialmente dado que el acuerdo parece que hace muy poco sobre las preocupaciones del partido sobre los derechos laborales en México. Mientras tanto, las empresas no están satisfechas con otros aspectos del acuerdo, como el debilitamiento de los mecanismos de resolución de disputas entre inversores y los estados que protegen sus inversiones en México. Eso podría costar algunos votos republicanos.

 Lo mejor que se puede decir de este acuerdo es que es un primer paso audaz y que indica que la administración de Trump está preparada para negociar nuevos acuerdos comerciales y no solo usar tarifas para proteger el mercado de los EE. UU. Pero los obstáculos que se avecinan son grandes.

 

Trump’s Deal With Mexico: A New NAFTA?

by Edward Alden

 August 28, 2018 (Council on Foreign Relations) - With the finalization of a deal between the United States and Mexico to revise the North American Free Trade Agreement (NAFTA), President Donald J. Trump’s approach to trade negotiations is about to get its biggest test yet. Can his heavy-handed tactic of threatening allies and imposing tariffs succeed in forcing other countries to revise trade rules in ways that favor the United States?

 A meeting of the minds?

The deal announced this week must be seen as a partial victory. Both countries demonstrated considerable flexibility—Mexico in agreeing to changes in the rules for auto production that should push some jobs back to its northern neighbor and the United States in watering down some of its most extreme demands, such as a stipulation for U.S. content in car manufacturing and a sunset clause.

 A cold shoulder for Canada?

The real test will be with Canada. After watching from the sidelines as the United States and Mexico made a bilateral deal, Ottawa now faces a series of controversial demands under the threat of a Friday deadline. Trump has stated clearly that he is prepared to stick with a bilateral agreement with Mexico and leave Canada out.

The disagreements are severe. The United States and Mexico have agreed to a series of provisions that are anathema to Canada, including the elimination of special dispute settlement provisions and additional protections for brand-name drugs that Canada had refused in negotiations for the Trans-Pacific Partnership (TPP) trade pact. 

If Canada is ultimately excluded, Trump’s deal with Mexico will be far more trade-disrupting than it is trade-enhancing. Auto trade, for instance, is deeply integrated across North America, and a NAFTA without Canada would force a radical reconfiguration of those supply chains.

 What comes next?

The other wild card is Congress. While Trump is pushing to send notification of the deal over to lawmakers quickly, any vote will wait until the new session of Congress, following November midterm elections. This means that the House of Representatives, at least, is likely to be controlled by the Democrats, and they are unlikely to do Trump any favors, especially since the deal appears to do little about the party’s concerns over labor rights in Mexico. Meanwhile, business is unhappy with other aspects of the deal, such as the weakening of investor-state dispute resolution mechanisms that protect their investments in Mexico. That could cost some Republican votes.


The best that can be said of the deal is that it is a bold step—one that indicates the Trump administration is prepared to actually negotiate new trade agreements and not just use tariffs to protect the U.S. market. But the obstacles ahead loom large.

 



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