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MercoHispano

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Reportaje Especial

Obama en Clinica

El presidente Barack Obama opera un moderno sistema de cirugía robótica durante una visita a la Clínica Cleveland en Ohio, el 23 de julio.
(Foto: Pete Souza, White House).


Debate sobre la Salud Pública en Estados Unidos

JESUS HERNANDEZ CUELLAR

Después de la muerte de su hijo durante un accidente laboral, Violeta Rivas, anciana retirada y protegida por el seguro médico público Medicare, desarrolló una fuerte depresión. A partir de su mal depresivo, su corazón comenzó a producir unas enzimas que no le permiten respirar cuando camina. Un especialista le recetó "las mejores píldoras" en todo Estados Unidos para esa enfermedad. Sólo las hay en Chicago, Illinois. ¿Su costo mensual? Tres mil 300 dólares. Con el Medicare y la ayuda de organizaciones sin fines de lucro, logró pagar la medicina. ¿El resultado? Un fracaso. Violeta no puede caminar dos pasos sin ser víctima de su espantosa falta de aire.

Un caso más extremo fue el de Manuel López, quien sufrió una apendicitis aguda recién llegado a Estados Unidos. No tenía seguro médico ni ayuda pública. Sus familiares inmediatos, también inmigrantes, pensaron que la operación urgente de López los llevaría a la bancarrota. El costo de la cirugía fue de 30 mil dólares. Sorpresivamente, López y su familia no tuvieron que pagar ni un solo centavo. Una serie de organizaciones caritativas y otro sistema público federal, el Medicaid, pagaron todos los gastos.

En Estados Unidos, la gran mayoría de las personas con un empleo cuenta con un seguro privado pagado en gran parte por sus empleadores. Los asegurados pagan sólo una fracción de los costos, mientras que los empleadores pagan el resto. Los ancianos están protegidos por un sistema para retirados, que es una combinación del Medicare y un seguro privado complementario de bajo costo, este último pagado por los mismos retirados. Las personas de bajos recursos están cubiertas por el sistema público federal del Medicaid, otros similares que funcionan a nivel estatal y organizaciones caritativas dedicadas a esta actividad.

El Medicare y el Medicaid cubren las necesidades médicas de más de 43 millones de estadounidenses.

En Estados Unidos, único país industrializado sin un sistema de salud pública universal o medicina socializada, hay 47 millones de personas sin seguro médico, entre ellos aproximadamente 8.7 millones de niños. Se calcula también que hay 15 millones de hispanos en esa situación. A una persona con ingresos normales pero sin seguro médico, una enfermedad peligrosa la podría llevar a la bancarrota, que en este país es una figura legal que actúa como refugio contra los acreedores. De no declararse en bancarrota o si su solicitud de bancarrota es rechazada por un tribunal, esa persona tendría que hacer planes de pago de mutuo acuerdo con los médicos, laboratorios y hospitales a los que debe dinero. Aquéllos que deciden no pagar, verán una destrucción de su historial de créditos. Ese historial es muy importante en la dinámica de la sociedad estadounidense. Sin una buena imagen en este sentido, a veces no es posible alquilar una vivienda o abrir una cuenta bancaria.

De una manera u otra, una enfermedad peligrosa podría también ser causa de despido laboral. Los empleadores pagan cuotas más altas a las compañías de seguros por empleados enfermos y de edad avanzada, que por los trabajadores saludables y jóvenes. En muchos casos, las empresas invitan a los empleados enfermos a que se dediquen a cuidar de su salud, protegidos por el Medicaid y otros servicios.

Los empleadores no están obligados, sin embargo, a suministrar seguro médico, algo que ocurre con frecuencia en las pequeñas empresas.

Los críticos del actual sistema acusan a los grupos de intereses especiales, principalmente a la industria farmacéutica, de ganar miles de millones de dólares con los altísimos costos de sus productos y servicios, en detrimento de la salud pública nacional. También acusan a muchos médicos de haber abandonado el milenario juramento de Hipócrates, de curar y alivar a los enfermos, para convertir a sus pacientes en clientes con el único fin de ganar mucho dinero.

El Dr. Carlos A. Venegas, director de Loyola Medical Center de South Gate, California, señala que "hay médicos honrados y otros que no lo son", pero la mayoría son galenos "dedicados a su profesión".

En la actualidad, dice Venegas, "no hay muchos médicos que están haciendo dinero, porque muchos estamos en los sistemas de HMO", que son redes que trabajan con las compañías de seguro. Mediante este esquema los médicos reciben una cuota fija mensual de dinero por paciente, "no importa si los enfermos te visitan una vez o cuatro veces al mes".

Por otra parte, la comunidad médica hoy día "trabaja bajo fuertes presiones legales debido a las demandas por negligencia médica", cuenta Venegas. "A veces tienes que hacer muchos exámanes para estar seguro de lo que sufre el paciente".

A propósito de la negligencia, los médicos "tenemos que pagar cuotas altísimas de seguros contra la mala práctica, y esto es mucho peor para ciertos especialistas como los neurocirujanos", explica el galeno.

Por otra parte, los seguros privados han estado aumentando sus primas constantemente, tanto a los pacientes como a los propios médicos. Algunas pequeñas empresas pagan hasta mil 400 dólares al mes por cada trabajador y su familia, hecho que ha obligado a muchas de esas compañías a despedir empleados o a eliminar el beneficio del seguro médico. Además, un estudio del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, divulgado el 25 de julio de 2009, revela que las pequeñas empresas pagan 18 por ciento más por los seguros de salud, que las grandes corporaciones. Las aseguradoras ofrecen descuentos a las empresas cuando éstas compran pólizas para grandes cantidades de empleados.

Hasta 2007, un total de 87 científicos de Estados Unidos había ganado el Premio Nobel de Medicina, en algunos casos en grupos de dos y tres investigadores por año, de manera compartida con científicos de otros países o solos. El primer estadounidense en ganar este importante premio fue Karl Landsteiner, en 1930, por su descubrimiento de los grupos sanguíneos humanos. Este punto y los importantes avances científicos y tecnológicos que se producen anualmente en Estados Unidos en el campo de las ciencias médicas, hace que muchos se pregunten por qué no hay una correspondencia entre el desarrollo científico y el funcionamiento del sistema de salud, en este país.

Otros se preguntan por qué si Estados Unidos es calificado de país ultracapitalista y proempresarial, el financiamiento del sistema sanitario recae fundamentalmente en las empresas privadas. La respuesta más común es que se trata de una tradición heredada de la época de la esclavitud, en la que los esclavistas estaban a cargo de la alimentación, el hospedaje y la salud de sus esclavos. Es cierto que las empresas podrían crear muchos empleos, crecer, financiar nuevas tecnologías y ofrecer otros muchos beneficios a sus empleados, si sobre ellas no recayera el pago de los seguros médicos.

La Reforma de Salud

Ante este panorama, el presidente Barack Obama ha propuesto una reforma al sistema de salud que otorgaría a Estados Unidos, por primera vez en toda su historia como nación, un servicio muy parecido a un seguro médico universal. Según el presidente, su reforma permitiría a las empresas y a los ciudadanos elegir planes de seguro a costo razonable, en un mercado competitivo. La reforma eliminaría otra de las manchas del actual sistema: el derecho de las compañías de seguros a rechazar asegurados con problemas crónicos.

El plan de Obama ha resultado tan controversial, por miedo a un enorme déficit presupuestario, a un aumento de los impuestos y a una disminución de la calidad de los servicios, que el Senado, de mayoría demócrata, rechazó la sugerencia del presidente de aprobar la reforma antes del receso de agosto de 2009. Ha sido la primera derrota legislativa de Obama en sus seis meses de gobierno.

En una conferencia de prensa el 23 de julio, Obama dijo que "hay informes de que las compañías de seguro están aumentando sus primas en un 28 por ciento en California, tratando de implementar un aumento de 23 por ciento en Connecticut, y proponiendo hasta un 56 por ciento de aumento en Michigan".

"En los últimos años las primas han aumentado nueve veces más rápidamente que los ingresos" de los estadounidenses, agregó.

Estados Unidos "gasta uno de cada seis dólares en cuidados de salud, y esto se va a duplicar en las próximas tres décadas", enfatizó Obama. "La mayor fuerza motriz detrás de nuestro déficit federal son los costos imparables del Medicare y el Medicaid".

La Asociación de Enfermeras y la Asociación Médica de Estados Unidos han anunciado su apoyo a la reforma de Obama, mientras que los proveedores de servicios médicos, inclusive los hospitales, se han comprometido a reducir las tasas de crecimiento de los costos, y la industria farmacéutica ha prometido producir medicinas más económicas para las personas mayores.

Hasta el 25 de julio, cinco comités del Senado y la Cámara de Representantes estaban trabajando en la presentación de un proyecto de ley sobre la reforma sanitaria, y tres habían redactado ya igual número de documentos legislativos acerca del tema, partiendo de un proyecto básico de la Casa Blanca. Se calcula que el costo de la reforma podría ser de un millón de millones de dólares, algo que en inglés asusta ($1 trillion).

Los grupos conservadores han acusado a Obama de querer implementar un proyecto socialista en Estados Unidos, que provocaría un déficit sin precedente que caería sobre los hombros de por lo menos tres generaciones de estadounidenses. Obama lo ha negado, y ha dicho que las dos terceras partes de los costos de su reforma serían cubiertos por el actual presupuesto, simplemente reubicando el dinero que ya se gasta en el apartado de la salubridad.

Los Costos Actuales

El presupuesto del Departamento de Salud de Estados Unidos es de 816 mil 198 millones de dólares en 2009, y será de 879 mil 196 millones de dólares en 2010. De ese total, 52 por ciento se destina al Medicare y 33 por ciento al Medicaid. Sin la reforma de salud, Estados Unidos es actualmente el país que más dinero invierte en atención médica en el mundo, pero los resultados a la hora de obtener altos estándares sanitarios son inferiores a los de otras naciones industrializadas. Por ejemplo, la expectativa de vida promedio en los 12 países más ricos del mundo es de 80.2 años, pero en Estados Unidos es de 78.5 años. En Canadá es de 82 años. Sin embargo, Estados Unidos invierte en salud 16 por ciento de su Producto Interno Bruto, 63 por ciento más que el promedio de esos países cuya inversión en ese renglón es de 9.4 por ciento. Para muchos, esto es un reflejo del desorden del sistema sanitario en Estados Unidos, ocasionado especialmente por los altos costos de los servicios médicos y las medicinas.

Por el abuso que ha sufrido en los últimos años el actual sistema, entre otros factores, el Medicare redujo en 2008 los pagos al sector privado de la salud por consultas, exámenes y otros servicios. En 2007, la Asociación Médica de Estados Unidos realizó un sondeo entre 8.995 médicos para conocer su opinión sobre los recortes. Del total, 59 por ciento dijo que no prestaría servicios a los pacientes de Medicare, 60 por ciento respondió que cerraría sus oficinas "satélite", 72 por ciento anunció que eliminaría sus visitas de enfermería a domicilio, y 68 por ciento subrayó que reduciría sus horas de trabajo en 2016 si continuaban los recortes del Medicare.

Sólo los fraudes al Medicare y al Medicaid y los errores administrativos cuestan a esos servicios públicos 12 mil 300 millones de dólares al año.

Los Defensores del Sistema

Defensores del sistema actual aseguran que entre los 47 millones de norteamericanos sin seguro, están 12 millones de inmigrantes indocumentados que viven en este país, lo que reduciría la cifra a 35 millones. Asimismo, dicen, 18 millones de esas personas sin seguro, ganan más de 50 mil dólares al año, ingreso que permite comprar un seguro médico. Esto bajaría la cifra total de necesitados a 17 millones, todos los cuales pueden recibir los beneficios de los sistemas federales de Medicare y Medicaid y la ayuda pública complementaria que ofrecen los gobiernos estatales.

Otros, igualmente opuestos a la medicina socializada, atribuyen la culpa de los altos costos sanitarios al propio gobierno. Para sustentar su punto ponen de ejemplo a la Administración Federal de Alimentos y Medicinas (FDA, por su siglas en inglés), que es el organismo encargado de aprobar los medicamentos que se usan en los hospitales y que se pueden vender en las farmacias de Estados Unidos. Según la página web de la organización American Thinker, el proceso de aprobación de nuevas medicinas y tecnologías médicas cuesta a la empresas entre 250 millones y 800 millones de dólares, y toma un promedio de ocho años y medio para atravesar todo el sistema y conseguir la aprobación.

De acuerdo con la misma organización, de cada cinco mil compuestos químicos presentados a la FDA, apenas cinco concluyen el proceso. Las industrias farmacéutica y de tecnología médica pasan los costos de producir medicamentos, instrumental y nuevas tecnologías a los médicos, los hospitales, los laboratorios y los pacientes. Por esta razon, señalan, los nuevos tratamientos que pueden salvar vidas, curar enfermedades crónicas y disminuir los costos de los cuidados de salud, se estancan en medio de la burocracia y la enorme cantidad de dinero que se necesita para la aprobación.

En 1993, el gobierno del también demócrata Bill Clinton trató de que se aprobara un sistema universal de salud, pero el propósito fracasó en medio de un aluvión de críticas y un dinámico trabajo de los grupos de cabildeo. Desde los días de la Guerra Fría y sobre todo después del fracaso simbolizado por la caída del Muro de Berlín en 1989, en Estados Unidos todo lo que huela a socialismo es tabú.

La decisión del Senado de no discutir la reforma de Obama antes del receso de agosto de 2009, hizo recordar a muchos estadounidenses aquel momento, hace 16 años, cuando el plan de Clinton murió en el olvido.

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