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Mario
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Fray Bartolomé de las Casas fue un personaje que desempeñó una  tarea muy importante durante la Conquista;  fraile dominico, defensor de los indios y uno de los primeros en abanderar los Derechos Humanos;  además, cronista, teólogo, obispo.  Nació en Sevilla en 1484 y murió en Madrid en 1566.

Fue su padre Pedro de Las Casas, modesto mercader de profesión, oriundo de Tarifa (Cádiz) y se cree de familia conversa y su madre Isabel de Sosa. Entre los parientes más cercanos estaba el capitán Francisco de Peñalosa, amigo de Cristóbal Colón.

Fray Bartolomé retenía en su memoria la imagen de siete indios, que acompañaban a Cristóbal Colón en 1493 en Sevilla y decía "los cuales yo vide en Sevilla y posaban junto al arco que se dice de las imágenes, situado junto a la iglesia de San Nicolás. Llevó papagayos verdes, muy hermosos y coloreados y guaizas, que eran unas carátulas hechas de pedrería de huesos de pescado". Su padre, Pedro Las Casas, y uno de sus tíos, Francisco de Peñalosa, se embarcaron en 1493 en el segundo viaje de Colón. En 1499 regresó su padre con un indio esclavo que se lo había regalado Colón y que pasó a disfrutarlo Bartolomé hasta que en 1500, por orden de Isabel la Católica, fue devuelto a su lugar de origen, junto con otros indios que habían sido llevados a España.

A principios de 1502, Bartolomé de Las Casas, acompañando a su padre y a su tío, se embarcó para La Española. En 1510 fue sacerdote considerado como el primer sacerdote ordenado en América  y cantó su primera misa en Concepción de la Vega. Posteriormente se trasladó a Cuba donde ostentó el cargo de capellán castrense y recibió un buen repartimiento ocupándose "en mandar sus indios de repartimiento en las minas a sacar oro y hacer sementeras, y aprovechándose de ellos cuanto podía".

De regreso a la Dominicana, fray Bartolomé fue tomando conciencia contraria a la institución de la encomienda, sintiéndose llamado por Dios para predicar la encomienda como injusta. Consideraba que los únicos dueños del Nuevo Mundo eran los indios y que los españoles sólo debían acudir allí para convertir a los indígenas. Esta percepción motivó renunciar a todas sus encomiendas e iniciar una campaña en la defensa de los indios, mostrando la acción negativa de las encomiendas. En España su campaña fue dirigida en primera instancia al rey Fernando el Católico y posteriormente al cardenal Jiménez de Cisneros, quien en 1516 lo nombrará "procurador o protector universal de todos los indios de las Indias".  La muerte del cardenal motivó que fray Bartolomé continúe su tarea con el nuevo monarca, Carlos I. Los abusos de los funcionarios serán denunciados públicamente lo que le valió la enemistad de numerosos administradores, especialmente de los miembros del Consejo de Indias.

Las ideas propugnadas por Las Casas se encaminarán a la pacífica colonización de las tierras americanas a través de labradores y misioneros. Con este objetivo se dirigió a América en 1520 donde Carlos I le concedió el territorio venezolano de Cumaná para poner en práctica sus teorías. La nueva fórmula se experimentó con escaso éxito ya que una ausencia de Las Casas fue aprovechada por los indios para acabar con un buen número de colonos. El desastre del experimento de Cumaná motivó su ingreso en la orden dominica, iniciando un periodo de retiro que duró 16 años. Este intervalo de tiempo no sirvió para apagar sus encendidas teorías contra la encomienda y la esclavitud de los indios -curiosamente sí estaba a favor de la esclavitud de los negros-, defendiendo que todas las guerras contra los indios eran injustas por lo que se enfrentó con los demás teólogos. Solicitó en diversas ocasiones permiso a sus superiores para acudir a argumentar sus ideas ante el Consejo de Indias pero el fracaso de Cumaná le desacreditaba y la deseada licencia no llegó en 16 años.

En 1535 partió hacia el Perú pero su barco naufragó frente a las costas de Nicaragua donde se enfrentó al gobernador Rodrigo de Contreras al denunciar el envío de esclavos indios al Perú. Al año siguiente se trasladó a Guatemala para continuar su predicación y poner en marcha un proyecto de conquista pacífica denominado de la "Vera Paz". Entre 1537-1538 se logró la cristianización de la zona de manera pacífica, sustituyendo la encomienda por un tributo pagado por los indios. En 1540 regresará a la península al estar convencido de que era en la corte hispana en donde se debía vencer la batalla a favor de los indios. Dos años más tarde el Consejo de Indias escucha los planteamientos de Las Casas, opiniones que causaron profunda impresión en Carlos I. Posiblemente motivado por el contacto con Las Casas el 20 de noviembre de 1542 se publicaron las "Leyes Nuevas" en las que se restringían las encomiendas y la esclavitud de los indios.

 A pesar de las innovaciones jurídicas que suponían dichas leyes, Las Casas censuró algunos de sus contenidos al considerarlas contrarias a sus principios. Por estas fechas escribió su obra más importante: la "Brevísima relación de la destrucción de las Indias" en la que acusa a los descubridores del Nuevo Mundo de todo tipo de crímenes, abusos y atropellos. En su momento la obra fue tildada de escandalosa y exagerada por lo que no cumplió su objetivo: evitar la continuación de las conquistas. Sería publicada ilícitamente en 1552, alcanzando gran éxito a lo largo del siglo XVII para convertirse en una de las fuentes utilizadas en el desarrollo de la "Leyenda Negra" contra el Imperio Hispánico.

En 1543, el emperador presentó a fray Bartolomé de Las Casas al Papa como candidato al obispado mexicano de Chiapas. Consagrado obispo en la capilla del convento de San Pablo en Sevilla, se embarcó en julio de 1544 con rumbo a La Española de donde se dirigió a su diócesis en una travesía que lo llevó a desembarcar en Campeche, México.

Redactó entonces los doce puntos de su Confesionario que publicaría más tarde con el título de Avisos y reglas de confesores. Al percatarse de la situación imperante en Chiapas, dispuso que nadie pudiera absolver a quienes tuvieran indios esclavos. Esto provocó reacciones extremadamente adversas. Las Casas excomulgó a los encomenderos y a quienes se oponían a lo dispuesto por él. En México participó en una Junta de Prelados y religiosos y tuvo un enfrentamiento con el virrey Antonio de Mendoza que se oponía a dar entrada a la cuestión de la esclavitud de los indios. En busca de apoyo a las tesis que defendía viajó nuevamente a España a principios de 1547. Residiendo en Valladolid continuó la redacción de su Historia de las Indias.

Consecuencia de las gestiones que realizó fue que se convocara en julio de 1550, en Valladolid, a una junta de teólogos, expertos en Derecho Canónico y miembros de los consejos de Castilla y de las Indias. El propósito era discutir las formas de cómo debía procederse en los descubrimientos, conquistas y población en las Indias. La Junta quedó inconclusa y Las Casas optó por otras formas de proceder.

Una fue renunciar a su obispado de Chiapas para consagrarse más libremente en España a la terminación y publicación de sus obras, así como a la obtención de cédulas reales en favor de los indios. En 1552, obtuvo el envío de otros misioneros a las Indias; además logró la publicación de una serie de tratados entre ellos la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, el Confesionario, El tratado sobre esclavos, Apologética historia sumaria.

Los últimos años de su vida los pasó en Madrid. Todavía escribió varios memoriales, así como la obra que intituló De thesauris, en la que cuestionaba el supuesto derecho de propiedad, tanto de los tesoros derivados del rescate del inca Atahualpa, como de aquellos otros encontrados en los sepulcros o guacas de los indígenas. En febrero de 1564 hizo su testamento y todavía pudo escribir un memorial al Consejo de Indias reafirmándose en todo lo que había expresado en defensa de los indios. El 17 de julio de 1566 murió fray Bartolomé de Las Casas en el convento de Nuestra Señora de Atocha en Madrid. Sepultado en la capilla mayor del convento, sus restos fueron llevados más tarde al convento dominico de San Gregorio en Valladolid. Fray Bartolomé de Las Casas, que dedicó su vida a la defensa de los pueblos indígenas, es hoy reconocido universalmente como uno de los precursores en la teoría y en la práctica de la defensa de los derechos humanos.
 

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